miércoles, 9 de septiembre de 2009

Del calor del mate al frío de El Calafate

Después de haber recorrido la República Oriental del Uruguay, el país donde los niños nacen con un termo debajo del brazo. Sería pecado no aprovechar para visitar uno de los parques naturales más bonitos del mundo. Desde Montevideo a El Calafate, cruzando el Río de la Plata y casi toda la Patagonia llegamos al Campo de Hielo Patagónico Sur, y allí, con las montañas nevadas al fondo es dónde se empieza a echar de menos el famoso mate uruguayo. El pueblecito de El Calafate se encuentra en una de las márgenes del Lago Argentino, el lago más grande de el país, con los Andes como fondo del cuadro. Un cuadro impresionista o más bien impresionante de tonos ocres en la llanura y blanquiazules en las colinas. El Perito Moreno espera inmóvil a los cientos de visitantes que lo fotografiamos sin poder derretirlo con las luces de nuestros flashes. Bloque de hielo azul, de un azul que no había visto en ninguna parte, azul que resplandece desde el fondo de las grietas y de los lagos escondidos en su interior. Un azul que destaca entre la blancura de las cumbres andinas. Es un privilegio poder pisar el glaciar, beber su agua pura, comer su hielo y sortear sus grietas mientras escuchamos como se resquebraja el hielo lentamente. La visita de los demás glaciares del parque sólo es posible a través del lago, por lo que una embarcación nos acerca, lo que los témpanos desprendidos le permiten, hasta el Upsala, El Spegazzini, Onelli y la cara norte del Perito Moreno, este último es tan extenso como la ciudad de Buenos Aires. Entre tanto hielo llega la hora de regresar a Uruguay donde la dulzura y el calor de sus gentes me arroparán hasta el final de mi viaje.